lunes, 13 de septiembre de 2010

El mar y la paz

Calló y cayó.
Dejó una estela de amores débiles y uno, más que amor, un terremoto.
Dejó su parte cenicienta, encontró su momento fugaz y se perdió de nuevo, en el verano que le daba la bienvenida en un amarrete carrousel.
Algunos piensan que el deseo de la piel caliente no es más que la excusa para dos almas en soledad.
Yo pienso que es mejor no pensar demasiado en ello. Ni en ellos.
Pero en este cuento, no es solo el fuego lo que arde. Y esto pasó:

"No me olvides" le dijo al mar. Y caminó en la arena húmeda del último día de fiesta.
Sola, bajo el sol, en un médano de gente, la música le iba diciendo qué hacer.


4 comentarios:

Laura Esponda dijo...

Me gusta. Me gusta. Me gusta.

Fausto dijo...

la imagen me recordó un poco a Maria, detenía frente al mar pensado en la carta que le escribiría a Juan Pablo. Hace mucho que no repazo El túnel.

Aunque tal vez hables de algo distinto...

Muy bueno. Saludos!

Luz dijo...

Me encanta, me encantó.
Nunca dejes de escribir amiga, es más que un placer leerte.
Hace rato que no comento, pero sabés que yo te sigo a todas partes (inserte melodía de canción de cancha y/o...u (alé alé) barilochense).

Te quiero hasta el mar de San Bernardo ida y vuelta 325.600 veces. :)

·Êl düêndê (¡n)fêl¡z· dijo...

Pero el mar sí es eterno, las decisiones no, y menos para las personas... Somos cambiantes, como su oleaje.

Cuando arde el corazón de ganas, ni el mar es capaz de apagarlo, tampoco de hacer olvidar o convencer que estamos olvidados.